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Pan de muerto, sabor y tradición de nuestra tierra

01/11/2017


Llévate mi alma, quítame la vida, pero de mi pan de muerto, ni una mordida”

Refrán mexicano



El pan de muerto es una verdadera experiencia para el paladar y uno de los elementos principales del altar dedicado a los fieles difuntos en México. Existen diversas versiones sobre su origen. La más conocida se remonta a la época de los sacrificios humanos de los rituales prehispánicos y a la llegada de los españoles en 1519 a la entonces Nueva España.


De acuerdo con la tradición, a través de un ritual una princesa era ofrecida a los dioses y su corazón aún latiendo se introducía en una olla con amaranto; después quien encabezaba el rito mordía el órgano en señal de agradecimiento a las deidades. Pero los españoles rechazaron cualquier tipo de sacrificio e introdujeron la elaboración de un pan de trigo en forma de corazón, bañado en azúcar y pintado de rojo, emulando la sangre de la doncella.


Otra versión asegura que esta delicia se basa en un rito de los antiguos pobladores mesoamericanos en el que enterraban a los muertos con sus pertenencias y un pan con semillas de amaranto molidas y tostadas, mezclado con la sangre de los sacrificios que se ofrecían en honor a los dioses Izcoxauhqui, Cuetzaltzin o Huehuetéotl.


La forma circular que conocemos representa un cadáver, la bola superior es el cráneo, las 4 canillas los huesos y están colocadas en forma de cruz por los cuatro puntos cardinales, cada uno dedicado a un dios: Tezcatlipoca (Señor del Cielo y de la Tierra), Tláloc (Dios de la Lluvia), Quetzalcóatl (Serpiente Emplumada) y Xipe Tótec (Dios de la Primavera).


En los estados del centro y sur de México conservan la mayor tradición de la elaboración del pan de muerto; Oaxaca es el que ofrece más variedad de formas, entre las que se encuentran: flores, corazones y animales como caballos, burros, conejos, tortugas y cocodrilos. Es una pieza fundamental de la festividad del Día de Muertos, pues se trata de un alimento dedicado a los difuntos que regresan para reencontrarse con sus familiares el 31 de octubre, 1 y 2 de noviembre.


En nuestro país, existen alrededor de 920 variedades de pan de muerto, cada uno diferente y con un significado especial que se remonta a la época prehispánica. Los hay azucarados, barnizados en huevo con ajonjolí, otros pintados de rojo, algunos ovalados, otros con formas humanas y en algunos lugares hasta llevan dedicatoria. También los podemos encontrar rellenos de crema pastelera, frutos secos, nuez, cajeta, nata, queso crema y chocolate, entre muchos otros ingredientes.


Disfrútalo con moderación


Un pan de muerto tradicional tiene en promedio 350 calorías, 15 g de grasa y 45 g de carbohidratos. Si quieres disfrutarlo estas fechas, modera la frecuencia y la cantidad, ya que contiene harina refinada, mantequilla y azúcar. Para que no aumentes tu consumo de calorías, acompáñalo con un café o té sin endulzar. Si prefieres un chocolate caliente o café con leche, opta por leche descremada, tiene menos grasa.


El pan de muerto es un reflejo del encuentro entre dos mundos: el prehispánico y el español, entre la alegría de los pueblos mexicanos por festejar a la muerte y el tradicional uso del trigo en el mundo católico europeo.




Fuentes:


La Flaca vino, la Flaca pasó, ¿y el pan de muerto? ¡La Flaca se lo comió!

http://www.infoaserca.gob.mx/claridades/revistas/207/ca207-44.pdf



La historia del pan de muerto

http://www.muyinteresante.com.mx/historia/15/10/30/historia-pan-muerto/


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